Marinera de corazón

Diario Series

Marzo 31, 2020

Con tanto tiempo en las manos es inevitable pasar gran parte de este en las redes sociales. Debo admitir que las estupideces que muchos publican son atractivas y hasta divertidas (no por nada hacen dinero o tienen muchos seguidores). Sin embargo, es interesante ver la otra cara, la diversidad de las publicaciones: informativas, emocionales y hasta banales.

En una de esas, encontré en Facebook una publicación que habla sobre ser marinero y como se marca en nuestras vidas aunque lo queramos negar o dejar atrás, como el Mar está siempre presente. Saber que meses antes de comenzar a navegar como oficio (estamos hablando de 10 anos atrás), jamás se me paso por la cabeza que este tipo de trabajos existieran, o quizás, nunca preste atención. Yo crecí en la capital y la casa de mi mama, donde pase gran parte de mi vida, no esta cerca del mar (en lo absoluto), al mar se llega en una hora por avión o en 20+/- por tierra, entonces esta industria crucerista era totalmente ajena a mí. De hecho, nunca he hecho un crucero como huésped y creo que ya no lo haría, y (dentro de mi ignorancia) lo más cercano a un crucero que había visto o escuchado era Titanic, así que el haber terminado siendo una tripulante fue un gracioso pero feliz accidente.

Mis primeros contratos como tripulante fueron de ensueño, fueron muchos sueños cumplidos a la vez, durante ese tiempo. Conocí mucha gente, gente común y gente que hoy en día es muy importante - socialmente hablando (casi una persona por cada país del mundo); no abarqué mucho territorio - porque la línea de cruceros no lo hacia - pero en ese momento el caribe americano era más que perfecto. Gane dinero suficiente para pagar deudas, hacer reformitas a la casa de mi mama y uno que otro paseo.

Tomé un descanso de los barcos durante un par de años, pero como lo dije al principio, el Mar siempre estaba presente preguntándome ¿porque lo había dejado por la tierra que algunas veces puede ser tan esquiva, tan ajena, monótona y a veces indolente? (que dramática, lo sé). Quien es marinero sabe que vivir en el mar, requiere de saber adaptarse a las condiciones de manera rápida, porque jamás se navega en el mismo mar dos veces, pero estar en tierra no es igual, requiere de formar rutinas, de seguirlas y estar a gusto con esa decisión. Yo no lo estaba.

Así que después de haber conseguido (con mucha paciencia y esfuerzo) un trabajo permanente y con beneficios, lo abandoné por otro totalmente opuesto con el objetivo de darle un poco de sazón a mi vida. Trabajé por cuatro meses y compré un tiquete para Bangkok, me quede un mes en Tailandia y luego una coincidencia me trajo a Turquía por primera vez y me enamore de este país. Y recuerdo una vez casi al final de mi estadía, contemplando el atardecer en uno de los puentes cerca de Taksim, y a lo lejos vi un barco de crucero y el único pensamiento que se cruzo por mi mente fue ‘debería estar ahí!’.

Y como si le hubiese pedido el deseo al genio de la lámpara la oportunidad se apareció para empezar de nuevo. Esta segunda etapa estuvo llena de emociones gratas y otras no tanto, aprendí mucho de culturas, idiomas y conocí gran parte del mundo hasta el momento para mi desconocida. Amé el mar con todas su maravillas y lo odié en medio de sus tormentas (me mareo y uno no se acostumbra a eso). Esta etapa comenzó un poco lenta y caótica, pero, termino (aunque de manera inesperada) por todo lo alto.

Por eso no puedo más que aplaudir y estar de acuerdo con lo que publico en Facebook Teresa Chu. Como lo dice en su publicación –"Ser tripulante es por siempre, aun si hemos colgado el ancla y el aro salvavidas"-










#facebook #marinero #tripulante #crewmember #writing #escritura #larolaenlostiemposdelcorona #diarioseries #series #diary #lovethesea #sea #ships #PabloNeruda #palabras

© Copyright 2019 by La ruta de la Rola. Todos los derechos reservados. Fotos: Vivian Sanchez

Diseño de Imagen: Andrea Achilli

powered by Wix