La Ciudad en Bicicleta!


Uno de mis lugares favoritos sin ninguna duda es Amsterdam. ¿Porque? porque lo tiene todo. Puede ser caótica como callada, salvaje como discreta, iluminada y oscura, y así podría seguir encontrando esas cualidades y defectos que la hacen perfecta.


Amsterdam es una de las ciudades que he tenido el placer de visitar múltiples veces. Pero, la primera vez… como dicen por ahí “la primera vez no se olvida”.


Todo empezó en Rotterdam (a 1,5 horas de Amsterdam), estaba todo planeado, tenía el tiempo perfecto para ir. La misión era reencontrarme con mi amigo holandés y pues, visitarlo en su tierra.


Super emocionada, tomé el tren y me dirigí a esa ciudad de la que muchos hablaban y que ahora yo también tendría algo por decir. Finalmente llegué (tarde) y con ayuda de algunas perdonas por fin encontré el piano donde me estarían esperando.



Después de los abrazos y las disculpas necesarias, se me informó del itinerario del día. Primera parada: Rentar una bicicleta - ahhh, super, si vamos - excepto que no me había subido en una bicicleta en mucho tiempo, y no me quería romper la cara. Pero.. ¿porqué tan negativa ome? simple, en el 2003 me caí de una bicicleta en una montaña, con hospitalizada incluida. Sólo por eso. Sin embargo, seguí adelante, nadie olvida como montar bicicleta, ¿verdad?.


Una vez fuera de la estación de trenes, no podía concentrarme con tantas cosas sucediendo al mismo tiempo (carros, buses, bicicletas y gente, mucha gente), tanto por ver y sólo un par de horas para disfrutar. Aún así, no podía no admirar, sus colores, su arquitectura y sus formas.


Con bicicleta en mano, el plan era seguir a Stephan. En mi mente tenía un tranquilo paseo, excepto que era todo lo contrario. El carril de bicicletas está entre el de buses y peatones, es muy angosto y muy circulado; así que la adrenalina estaba al máximo.


Tratando de seguirle el paso, y de no caerme al mismo tiempo, empezamos a recorrer la ciudad.

Y cuando por fin salimos de la parte caótica, comencé a disfrutar aún más mi paseo. Las partes más difíciles eran los cruces de calles, sin embargo, era lo más hermoso que haya visto, lo único que faltaba era la música clásica de fondo.

Tan perfectamente sincronizado y natural, pero a la vez irreal.


Pese a mis pobres habilidades ciclísticas, mi maravilloso guía fue el más paciente de todos. Y no sólo él, sino las personas que pasaban y me veían emproblemada con mi bicicleta. Obviamente sabían que no era de por ahí.


Cuando llegamos a los canales bordeados por esas casas tan pintorescas, teníamos que parar. Tenía que contemplar esa escena, y tomar un café (estaba haciendo frío).



Ya un poco más calientita, resumimos nuestro paseo. Pasamos por el distrito rojo, y el famoso letrero de “I amsterdam” - Tomé una foto desde la distancia, no había visto un letrero tan ocupado -, comí wafles con chocolate y el par de horas pasaron. Corrimos para alcanzar el tren y viví para contarlo - ese siempre es un final feliz.


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Palabras, Arte y Viajes

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