Ignorancia idiomática


Nunca entendí la importancia de la frase “hablar en el mismo idioma” hasta que me tocó vivirlo a mí en carne propia.


La humanidad está tan mezclada que es inevitable escuchar a la gente hablando lenguajes que no reconocemos o que entendemos poco o nada. Y cuando el sujeto de la conversación eres tú, la situación no mejora. Ese fue mi caso en uno de mis recorridos por Turquía, donde habían tres turcos hablando de mi futuro - en turco obviamente - mientras yo veía mi vida en flashazos y mi final próximo.


Estaba en Adana y me quedaban unos días antes de volver a casa; una amiga se había mudado recientemente a Hatay y me invitó a visitarla en su nuevo hogar. El plan era ir con un amigo de ella, que sabe como moverse y lo más importante que habla turco, pero, por alguna razón los horarios no se dieron y tomé una decisión ejecutiva: Me aventuraría sola. ¿Que tan difícil podría ser, verdad? es sólo tomar el bus, llegar a Hatay y encontrar la dirección de su casa - ERROR.


El plan tenía una falla, un problema de ignorancia geográfica para ser más exactos, y era que no sabía que Hatay era el nombre de una provincia, no de una ciudad. Y yo no me enteré del error hasta que el asistente del conductor del bus en el que iba, me preguntaba insistentemente para donde iba, a lo que con mi inocente ignorancia contestaba “pues, a Hatay”.


Por obvias razones yo no entendía la confusión del asistente, porque para mí era simple - debía llegar a Hatay y punto. Lo que sucedió fue que a mi amiga se le olvidó mencionar en la dirección la ciudad donde vivía - pequeño detalle.


El todo fue que en menos de nada me encuentro rodeada de tres turcos (el asistente y dos pasajeros) intentando comunicarse conmigo en su pobre inglés y en mi cero turco para saber en que momento del trayecto me debía bajar. La única pista de mi destino era la dirección, no tenía wifi o algún medio para comunicarme con mi amiga. Estaba perdida.


Sin embargo, en medio de la conversación con los turcos logré decirles que necesitaba internet para comunicarme y uno de los pasajeros escuchó y me compartió de sus datos. Cuando logré contactarme y dar señales de vida (porque el viaje estaba tomando más tiempo de lo debido) descubrimos que la ciudad a la que tenía que llegar era Antakya. Finalmente, un rayo de luz.


Aún así, ya sabiendo a donde debía dirigirme, los señores seguían hablando de mí sin hacerme partícipe de la conversación. La verdad no sabía que pensar, estaba aterrada, la vi negra. No tenía absoluta idea de lo que estaban hablando, y de repente, el bus paró y el asistente me dijo que debía bajarme y subirme a una van (a mí y a otros más). Yo lo único que quería era que él me asegurara que iba a llegar a mi destino, y el asistente así lo hizo, sin embargo, tenía la vocecita dentro que decía “hasta aquí llegué”. Sin opciones, me subí a la van y arrancamos.


15 minutos después por fin llegamos a la terminal de buses de Antakya. Aliviada y menos confundida, me fui en busca de un taxi para llegar finalmente a la casa de mi amiga. Para encontrar que el taxista tampoco hablaba inglés, pero lo que le faltaba en idiomas le sobraba en recursos. Llamó a un amigo que sí hablaba inglés para poderse comunicar conmigo.


Después de muchas horas de viaje, de 3 transbordos, conversaciones incomprensibles, terror y ruegos por mi vida llegué a mi destino. Cuando llegué el señor de seguridad sabía mi nombre y de donde era (claramente mi amiga estaba muerta de los nervios porque no tenía noticias de mi desde que había salido de la casa - excepto por el mensaje fugaz para averiguar a donde me dirigía - y le había recomendado al señor que le avisara tan pronto llegara) y yo ya me sentía en casa.


#idiomas #barrerasdellenguaje #traveldiary #perdida #lost #miedo #fear #turkey #turquía #finalfeliz

© Copyright 2019 by La ruta de la Rola. Todos los derechos reservados. Fotos: Vivian Sanchez

Diseño de Imagen: Andrea Achilli

powered by Wix