EL PÚLPITO!

Del Púlpito del que les voy a hablar no tiene que ver con ninguna iglesia, restaurante o tipo de comida. El Púlpito es una formación rocosa maravillosa también conocida como Preikestolen.


Mi aventura comienza en Stavanger - Noruega (ohh, bella Noruega), yo como International Hostess "El Gurú de la información en crucero" tendría que saber muy bien que es y donde queda el Púlpito, lo cual para desilusión de muchos no era así. Antes de ese crucero no tenia idea de que era o con que se comía y tampoco comprendía el porque el interés de miles de turistas de llegar a Stavanger sólo para subir el Púlpito (ignorante yo, lo sé).


Sin embargo, la oportunidad de descubrir esta maravilla se me presentó en charola de plata. Me voy a sincerar, a mi las caminatas me encantan, si tengo que escoger entre caminar o ir en bus sin dudas escogeré la primera, siempre y cuando no se salga de los limites del buen sedentario (si, lo admito sin vergüenza alguna). Ahora, cuando me preguntaron si quería subir el Púlpito y mi respuesta fue un si inminente, en mi mente tenia la imagen de Monserrate en Bogota, Colombia (nunca he subido esa montaña pero según lo que me han contado no hay otra manera de llegar sino hacia arriba).


Era una tarde maravillosa, nada fría, totalmente diferente a lo que uno espera en Noruega. Iba preparada con mi mochila llena de provisiones energéticas y lista para atacar. Me subí en el bus, me senté en el lugar disponible al final del bus y más me demore en sentarme que en desconectarme del mundo, así, que en realidad no puedo decirles como se llega de Stavanger al Púlpito porque lo único que recuerdo son flashasos en el siguiente orden: Naturaleza, trancón, Ferry, mas naturaleza y llegamos (y prácticamente igual en el retorno, solo que estoy segura que esta vez no era yo la única en estado inconsciente).


Por fin llegamos al parque, el guía da sus últimas instrucciones y añade "No sientan vergüenza si no logran subir la montaña, no son los únicos y es totalmente normal" y mientras lo escuchaba la pesimista dentro de mi no podía dejar de pensar que probablemente seria una más de esa lista.


Tenía exactamente 4 horas (2 para subir y 2 para bajar), determinada pero sin esperanzas me dirigí a la entrada de la ruta y para mi felicidad encontré refuerzos emocionales que nunca sobran. Así, juntos empezamos la caminata. La primera parte de la ruta es totalmente empinada y el general de la ruta es de tipo rocoso. Los primeros 10 minutos de caminata fueron terribles, mi corazón latía a mil y solo podía pensar "si esto va a ser así.. no llego". Sin embargo, llegamos a la primera parte plana (la primera de muchas) y también el primer mirador; una vista tan maravillosa que si esto era así aquí no podía perderme lo que me encontraría cuando llegara al final.


El asunto de esta montaña o conjunto de montañas es que no hay constancia, es totalmente bipolar - hay altos y bajos, juega con los sentimientos de quien la sube sin lugar a dudas. Al menos dos veces celebré pensando que había terminado hasta que alguien rompió mi ilusión señalando el siguiente tramo. Aún así, cansada, con ganas de tirar la toalla, el maravilloso paisaje de cada tramo me impedía renunciar, porque sabia que lo mejor estaba por llegar. No obstante subir no fue tan difícil, solo me aseguraba de estar enfocada en lo que estaba haciendo para no terminar con mi cabeza contra una roca (así de desnivelado es el terreno) y el de arriba sabe que esa imagen casi se materializa un par de veces.


Después de hora y media de caminata juiciosa con Felipe (mi refuerzo emocional) finalmente, la meta estaba delante nuestro. Un lugar lleno de caminantes exhaustos pero satisfechos y las orillas de la roca llena de valientes/arriesgados/estúpidos turistas (me incluyo en el montón) tomando la foto para la posteridad.



La sensación es irreal, no solo de la satisfacción de haber caminado por alrededor de 3,800m en asenso, sino porque las palabras no pueden describir lo que vieron mis ojos. Los colores del paisaje, la forma de la montaña, de las rocas y del agua que las divide no tiene comparación. Y el lugar mas obvio para descansar y admirar la belleza del paisaje es la orilla de la roca, así que eso es exactamente lo que hicimos, nos sentamos en el borde de la roca a comer, beber y contemplar. En ese momento aprendí que no tengo problema con las alturas, pues si después de estar sentada a aproximadamente a 604m de altura y el piso no se me movió entonces estamos bien.

Después de un poco mas de media hora de descanso y contemplación, era hora de comenzar el descenso. Y pues, bajar es más fácil que subir, verdad? ERROR!!!!. Como ya les había comentado el terreno es desnivelado y rocoso, hay lugares planos y hay otros totalmente empinados, sin mencionar las escaleras de piedra hechas para gigantes, no para mi, una Colombiana promedio de estatura media-baja quien sufrió para subir y que para bajar debía convertirse en cabra, saltando de escalón en escalón y evitando no morir en el intento.


Pero finalmente de nuevo en el punto de inicio, creo que terminado el descenso no sabia si estaba mas contenta de completar el sendero o de haber podido volver al punto de encuentro. Aún así, independientemente de los tramos difíciles quienes hayan hecho esta ruta coincidirán en que la satisfacción es infinita, porque la gratificación no es solo física o mental sino de haber tenido el privilegio de ver una composición natural sin comparaciones.


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