Choque Cultural

Para que exista un choque cultural solo basta que uno este en un lugar con gente diferente al circulo donde normalmente habita. Uno tiende a pensar que eso solo sucede cuando sale del país, pero en realidad puede suceder incluso en la casa de la vecina. Es solo estar con alguien o inclusive ser ese alguien que sea o haga las cosas de manera diferente (así sea solo un poco) para que sea calificado como: rarito.  Ahora, al momento de salir de su ciudad natal uno se convierte en ese rarito (ya comprendo el porqué Estados Unidos llama a todo visitante/migrante “Alien”) en esa persona perdida entre las nuevas costumbres que no se sabe comportar, de ahí vienen las noticias de nacionales que hacen desastres en otro país logrando que estereotipen al total de la población de ese país por culpa de unos cuantos. Hay cual que “bendecido” que se adapta fácilmente y tiene como mantra el consejo de toda mamá “a donde fueres haz lo que vieres” y la cosa simplemente fluye. Sin embargo, está la otra gran mayoría (porque es la gran mayoría) que simplemente no está en su código adaptarse a los demás y llevan con orgullo el eslogan “el mundo es mi casa, y se debe adaptar a mi voluntad” lo cual es sinónimo de desastre.  Sin embargo, hay otro grupo (pequeño pero fuerte) que aunque no sea fácil, intenta adaptarse a las condiciones. Aquellos que pese a todos sus esfuerzos, el proceso de adaptación es largo y no es siempre el más lindo o positivo, se parece más a estar en una montaña rusa de emociones infinita (con pataleta incluida) pero con todo y pataletas, al final logra adaptarse. En ese grupo caigo yo.  En mi caso personal mis procesos de adaptación a entornos desconocidos (o choques culturales) comenzaron cuando era muy pequeña y tenia que quedarme por algunas horas todos los días en la casa de una señora que veía por mi bienestar mientras esperábamos a que mi mama me viniera a salvar – o terminara de trabajar. Pero todo se hubiera imaginado la pequeña Yo, menos que ese tipo de procesos serian una constante en mi vida.  En estos momentos, no me es más fácil pasar por un proceso de adaptación pero soy menos resistente y fatalista (mi mamá diría que soy más dócil – pero aun orgullosamente salvaje). No obstante, entre más días pasan y más observo a la gente en sus diferentes ambientes (soy observadora pero no de las preocupantemente raras) me doy cuenta que en realidad todos somos más parecidos de lo que creemos (o nos empeñamos en negar). Sí, hay diferencias, algunas más marcadas que otras pero al final los hábitos del ser humano en realidad son estándar, porque necesitamos hacer la misma rutina para asegurar la supervivencia de la especie. Lo positivo en aquellos actos extras dentro de nuestras rutinas es lo que hace que el mundo sea colorido y diverso, porque no hay nada más aburrido que ser monocromático.








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