3 minutos para abordar!


Si se pudiera reducir París en tres palabras, pienso que lo más común (si hubiera cabida para esa palabra en alguno de sus rincones) serían: Luz, Moda y Amor. Pero para mí pensar en París era pensar en dos cosas: El jorobado de Notre-Dame y Midnight in Paris - si, películas.


Esta ciudad para mi siempre fue uno de los Unicornios que esperaba algún día tener la fortuna de ver por mis propios ojos y el 2017 con el itinerario del Norte de Europa - cruceros -, la oportunidad se me presentó. Lo más cercano que atracábamos de París era Le Havre - y estamos hablando de un par de horas en tren, así que mis chances de ir no estaban a mi favor.


Necesitaba de al menos 7 horas libres para lograrlo (4 horas de viaje - ida y vuelta - y algo extra para conocer) y que el clima me ayudara porque estábamos teniendo un poco de mala suerte con los vientos y la lluvia. Y si mal no recuerdo las veces que atracábamos en Le Havre eran contadas y el tiempo se me estaba acabando.


Después de muchos planes y un poco de magia en el medio, estaba listo, tenía exactamente mis 7 horas, 100 € - que una amiga me prestó - mucho cansancio y mucha emoción. Así emprendí mi hazaña.


Con tiquete de tren de ida y vuelta en mano y google maps en la otra estaba preparada. Sabía exactamente que quería ver, 3 lugares en específico: la catedral de Notre-Dame (obviamente, el jorobado de Notre-Dame me marcó y quería ver a las gárgolas), Le Louvre (así sea por fuera) y la torre Eiffel, punto.


Después de dos horas largas de tren y de echarme un motoso en cada trayecto finalmente llegue a la estación de tren de Saint Lazare. Y empezó la cuenta regresiva, tenía exactamente 2,5 horas en París y la verdad no tenía noción de cuan gigante es la ciudad - en el mapa no lo parece así.


Había que hacer un reajuste de planes e incluir el metro para llegar a donde quería, y a éste punto sólo me quedaban 40 €. El plan a seguir era: Montmartre, Notre-Dame, Le Louvre y la torre Eiffel. Ambicioso, no?.


Llena de adrenalina porque sino no llegaba a tiempo a la estación para volver a mi casa de lata, no sólo perdía el tren sino el barco, y eso sería un gran problema. Sin embargo hice de tripas corazón y con mi pobre francés continué mi travesía. Primera tarea, encontrar la estación de metro más cercana.


Montmartre

Salí de la estación de metro totalmente desorientada, con la idea de llegar al Sacré-Cœur. Pero dice el dicho “Preguntando se llega lejos”. Después de pedir ayuda, encontrar wifi… (para seguir el mapa), llegué. Primera parte de la misión era entrar a la iglesia (afortunadamente es pequeña) y después, tomarme 1 minuto de mi precioso tiempo para contemplar a Paname y ver mi próximo destino - Notre-Dame.


Notre-Dame

Después de muchos minutos entre tomar el metro y los transbordos, finalmente llegué a mi parada: Saint-Michel Notre-Dame. No fue difícil solo había que seguir las señales - literalmente. Y con cada paso sentía más emoción de finalmente ver los pasillos donde Quasimodo cantaba sus desventuras… y ahí estaba, tan imponente y hermosa. Entre la contemplación y la necesaria selfie me dirigí a la puerta, tan abierta y disponible para hacer mi sueño realidad y ver su esplendor (aparentemente tuve suerte, porque después me enteré que las filas para entrar son extensas).



Le Louvre

La visita a Notre-Dame fue muy corta para mi gusto, pero estaba contra reloj. No había opción. Salí de la catedral y con un último vistazo me despedí y seguí mi camino.

No recuerdo cuantas cuadras caminé, sólo sabía que tenía que seguir la flechita del mapa para llegar. En el camino, tuve una probadita del tráfico parisino, ver el Río Sena y lamentarme un poco por no tener extra tiempo para bajar y recorrerlo de cerca.


De repente, según la flecha en el mapa ya había llegado a mi destino pero lo único que veía eran edificios que no correspondían al Louvre. Sin embargo, vi una pequeña entrada en uno de los edificios en forma de arco y decidí arriesgarme. Después de cruzar la plazoleta, la famosa pirámide de vidrio estaba ahí esperándome para fotografiar su belleza. Cuanto me hubiera gustado hacer la fila y entrar al museo, pero aún me quedaba una parada más.


Torre Eiffel

Aquí la historia se hace más interesante. El tren para Le Havre partía a las 14:45 y en el momento que dejé Le Louvre eran las 14:00. Una persona sabia hubiera decidido volver a Saint Lazare con tranquilidad y estar a tiempo para tomar el tren, yo no. En cambio decidí que caminar desde Le Louvre hasta la torre Eiffel era una muy buena idea - ¡no!. Recuerdo caminar por hermosos parques, cruzar sus calles y la no veía la torre aparecer por ningún lado. A punto de perder la esperanza siendo las 14:15, se me acerca un bici-taxista ofreciéndome transporte hacia la torre.


De nuevo, alguien sensato, viendo la hora hubiera escogido irse a la estación de tren. No yo, yo en cambio estaba regateando el precio del transporte porque sólo tenía 25 € y algunas monedas. El precio se fijó en 15 €. Todo me decía que de todas las malas ideas que haya tenido en la vida, ésta es la peor. Pero seguí mi corazón.



Fue el mejor paseo en bici-taxi de mi vida, tenía un mix de sensaciones pero podía verla cada vez más cerca - y de paso un poco más de la ciudad. Cuando por fin llegamos, el conductor me dejó en la parte de atrás de la torre, pero no importaba, estaba ahí. Caminando lo más rápido posible para verla y tomarme la selfie (obviamente), la contemplé tanto como el reloj me lo permitió. 14:30.


Saint Lazare

Con 10 € y algunas monedas en el bolsillo, no tarjetas crédito o débito, me dirigí a la avenida más próxima para contemplar mis opciones de transporte. Necesitaba algo que me llevara a la estación en menos de 15 minutos. Pasé por una manada de bici-taxistas, pensé en contratar uno, pero no tenían de buenos amigos. Seguí caminando. Necesitaba una para de taxi, pero no había nada cercano. Pese al tiempo, la situación, y los nervios, le saqué la mano a un taxi. El señor muy formal y bilingüe (Gracias, porque mi cabeza no estaba para estructurar el francés) me pidió el destino. Le dije que mi tren se iba en 13 minutos y necesitaba llegar a Saint Lazare, me respondió -“Señorita, no puedo ir a más del límite de velocidad” - a lo que le contesté -“Bueno, entonces, no vaya menos del límite.”.


Colocó la ruta en el GPS, y de verdad hizo todo lo posible por evitar el tráfico y las grandes avenidas. Lo único que me separaba de mi destino eran los semáforos en rojo y el mega trancón que teníamos en frente. Tenía 3 minutos para llegar. El conductor me dijo: - “Señorita, lo más fácil es bajarse y cruzar a pie”-. Le pagué al señor con los últimos 12 € en mi bolsillo y corrí como si mi vida dependiera de ello - literalmente.


Fueron los 3 minutos más angustiantes de mi vida, y las probabilidades estaban en mi contra. Sin embargo ubiqué la plataforma, el agente tomó mi tiquete (me miró raro) y me dejó subir. Tan pronto me encontré asiento y el tren partió.


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